CALLA TAMAULIPAS NARCOEJECUCIONES

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CALLA TAMAULIPAS NARCOEJECUCIONES

Mensaje por karla el Lun Dic 13, 2010 11:40 am

PROCESO-EL NORTE LAREDO, Tx.- Los testimonios que traspasan el muro de silencio erigido al otro lado de esta frontera hacen pensar que acaso Tamaulipas supera a Chihuahua en número de muertos.

Los reporteros tamaulipecos hablan en voz baja de días de enfrentamientos con hasta 200 muertos. De tramos carreteros con paisajes de cadáveres de adolescentes, casi niños, esparcidos por varios metros. De cuerpos que ya no pasan por los Semefos, las funerarias o los cementerios y van directo a fosas que albergan entierros múltiples. De rastros de sangre en las calles como únicas evidencias de los asesinatos que escapan a las estadísticas fúnebres.

Es difícil probar sus dichos. A diferencia de ciudades como Ciudad Juárez, en las ciudades de Tamaulipas los reporteros no realizan el ejecutómetro porque el número de homicidios es desconocido. Las autoridades niegan esa información. El Centro de Estudios Fronterizos y de Promoción de los Derechos Humanos, A.C. (Cefprodhac), la organización que llevaba el inventario de defunciones dejó de hacerlo el año pasado.

"Yo anduve investigando a dónde llevaban los muertos, pero no los llevan a ninguno de los panteones, hablé con los camposanteros y dijeron que ya no los llevan ahí. Los de las funerarias que antes hablaban ya no quieren dar información. Preguntarle a los policías es como hablarle a los narcos y si saben que somos reporteros nos va peor. Desde hace dos años yo llevaba una estadística de los muertos; ya no puedo", lamenta un reportero hispano que omite su nombre por seguridad, pues aunque trabaja para un periódico texano dice que está amenazado como sus colegas mexicanos. Incluso tiene su testamento hecho.

Tamaulipas es lo más parecido a una dictadura criminal, con zonas controladas por el Cártel del Golfo y otras por los Zetas que desde febrero se disputan el Estado. Desde hace una década esa entidad es una zona de silencio; tienen en nómina a empresarios, gobernadores, periodistas, alcaldes, policías y un ejército de informantes; poseen campos de entrenamiento para nuevos sicarios y a los medios locales de comunicación bajo censura.

Tamaulipas obliga a callar hasta a los medios ubicados del lado estadounidense del Río Bravo.

Los editores de diarios texanos, como el San Antonio Express-News o el Laredo Morning Times, han mandado a sus reporteros al lado mexicano a documentar información tan básica como el número de muertos después de los más feroces enfrentamientos entre bandas criminales o de éstos contra las fuerzas federales; pero desde hace dos años no consiguen cifras confiables.

"El día después de la balacera de Matamoros (en la que murió Ezequiel Cárdenas Guillén, 'El Tony Tormenta') el gobierno reportaba 10 muertos, los medios de la frontera de 40 a 50 y fuentes oficiales de Estados Unidos nos decían que eran como 100. Tuvimos que escribir una nota diciendo que fueron un mínimo de 10 y un máximo de 100. En los diarios de Estados Unidos es impensable dar cifras tan vagas, tan imprecisas, pero nos orillaron a eso", se queja Nora López, editora del San Antonio Express-News.

Estado-cártel

En Tamaulipas es más lo que se calla que lo que se publica. La mayoría de la prensa local está amordazada. Los reporteros de medios nacionales o extranjeros que quieren investigar en la zona deben planear previamente su ingreso con una operación logística, aunque eso tampoco es garantía de salir bien librado. Varios reporteros fuereños han sido tomados como rehenes por los criminales, golpeados por varias horas y expulsados con la advertencia de que la siguiente intromisión la pagarán con su vida.

Hasta los periodistas fronterizos más experimentados sienten que entrar a Tamaulipas es pararse en arenas movedizas, como admite Alfredo Corchado, el veterano corresponsal de The Dallas Morning News que en febrero -cuando comenzó la guerra entre los Zetas y el Cártel del Golfo- logró entrar un par de horas a reportear a Reynosa e informó al mundo que decenas de personas habían muerto las semanas previas y que ocho periodistas estaban desaparecidos.

"Hay regiones donde el silencio domina, donde el miedo se siente y se ve entre la gente. Y eso lo vi en Reynosa, me impresionó mucho. El crimen organizado en esa región se ha impuesto como gobierno paralelo que domina hasta la prensa. Ahí sientes la impotencia de la gente, del gobierno", dice el periodista recién galardonado en Estados Unidos por su valiente cobertura.

Aunque desde 2007 Ciudad Juárez es considerada la ciudad más peligrosa de México, la mayoría de los corresponsales sienten en la frontera chihuahuense más seguridad que en la tamaulipeca.

"Ciudad Juárez es demasiado grande, es difícil domar esa ciudad y el periodista tiene ahí más espacio. Irónicamente, siento más tranquilidad en Juárez, a diferencia de Matamoros, Reynosa, Ciudad Alemán, Nuevo Laredo u otros municipios tamaulipecos donde no confío en nadie, sólo en muy contadas personas y donde la dinámica de los Zetas ha creado una realidad mucho más cruda, más brutal, más sofisticada en cuestión de guerra urbana", dice.

Censura transnacional

Según el periodista mexicano Jorge Luis Sierra, fundador del McAllen Times, este año podrían haber muerto más personas en Tamaulipas que en Ciudad Juárez, si se considera en términos proporcionales.

"El grueso de la violencia ha ocurrido desde el aparente conflicto entre los Zetas y el Cártel del Golfo, que provocó una ola de violencia a partir de febrero. En Ciudad Juárez -donde la violencia es más antigua- los medios locales han mostrado más independencia y no han cesado de informar de la violencia, pero en Tamaulipas no es así".

Señala que cuando el Cefprodhac de Reynosa abandonó el conteo de las muertes violentas desaparecieron las fuentes independientes que corroboraran la información.

"(Los medios texanos) siguen reporteando, pero ya no es tan sencillo que crucen la frontera. En los momentos de mayor violencia se abstuvieron de entrar. No había garantías para una cobertura segura, algunos periodistas estadounidenses habían sido amenazados, y para ellos era difícil pasar desapercibidos. Pero los tres diarios más importantes de ese lado de la frontera: el Brownsville Herald, el Monitor y el Laredo Morning Times siguen buscando la noticia, tratando de construir fuentes del otro lado de la frontera y cruzando cuando pueden".

El San Antonio Express-News se vio forzado a retirar de Nuevo Laredo a un reportero. En febrero pasado se abstuvieron de cruzar la frontera, explica Nora López.

La periodista considera que el desconocimiento de la realidad es muy grave, porque si no se dimensiona la gravedad de la situación tampoco habrá solidaridad entre la sociedad para organizarse.

Dictadura criminal

Heriberto Deándar, director editorial de El Mañana, el periódico líder de Tamaulipas, se queja por la cerrazón gubernamental.

"Desde hace año y medio nadie sabe a ciencia cierta cuántos muertos y heridos hubo en los enfrentamientos. El Ejército no hace boletines ni ruedas de prensa, las autoridades estatales están rebasadas, la PGR envía correos electrónicos mencionando a los detenidos en todo el país y el municipio únicamente alerta a través de Facebook y Twitter sobre la ubicación de situaciones de riesgo".

Una reportera de Matamoros indica las reglas informativas que les han impuesto los criminales.

"No podemos dar datos concisos en una nota, nombrar a ninguno de los cárteles, ni ampliarnos en la información, ni mencionar la violencia (nada de la aparición de muertos en carreteras o cuerpos que traían playeras de un cártel). A lo único que pudimos darle seguimiento es la muerte del candidato (a Gobernador Rodolfo Torre) Cantú".
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