Impone el narco ‘toque de queda’

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Impone el narco ‘toque de queda’

Mensaje por karla el Lun Nov 29, 2010 9:28 pm

Proceso | 28-11-2010 | 22:59

Hidalgo— A partir de las ocho de la noche, en este municipio nadie entra ni sale. Las actividades terminan a esa hora y se reanudan hasta las cinco de la mañana del día siguiente. Grupos de sicarios, que se asumen como defensores del pueblo, atraviesan vehículos para custodiar los accesos de la localidad y advierten que dispararán contra todo aquel que circule por las calles. Son ellos los que imponen un toque de queda porque este es territorio de guerra.

Igual que en otros municipios de Tamaulipas, desde hace meses aquí no hay policías, ni agentes de tránsito. El alcalde, Marco Antonio Leal García, fue asesinado el 29 de agosto. Su sustituto, Gregorio Guerra Maldonado, nombrado por el Congreso estatal el 22 de septiembre, despacha desde Ciudad Victoria.

Además, Gonzalo Uvalle Morales, quien ganó la alcaldía en los comicios de julio pasado, nunca se ha aparecido en la ciudad. Incluso hay quienes aseguran que no asumirá el cargo el próximo 1 de enero.

En el edificio del Ayuntamiento, desde el mes de marzo prácticamente se suspendieron las labores, luego de que un grupo delictivo lanzó granadas contra la entrada principal del edificio.

Hasta hace unos meses, Hidalgo era una población bulliciosa, Ubicada a 85 kilómetros al noroeste de la capital del estado, hoy semeja un pueblo semivacío. Los lugareños miran con desconfianza a quien se atreve a caminar por sus calles. Decenas de negocios cerraron y muchas casas están calcinadas, algunas tienen en sus fachadas las huellas de los tiros que recibieron. Hay tensión; el miedo se transmite con las miradas.

Hace más de una semana que el secretario general de Gobierno, Hugo Andrés Araujo, anunció un operativo especial para este municipio –que vive una situación similar a la de Mier, donde a principios de noviembre se registró un éxodo de habitantes a causa de la violencia–, los soldados y los marinos nomás no se ven.

“Esos se aparecen cuando las balaceras terminan, por eso todos dicen que están aliados con ellos (con los narcos); nomás vienen a rematar a los que quedan heridos”, se queja Gloria, un ama de casa que, dice, está a punto de marcharse del pueblo.

El municipio tenía 23 mil habitantes, según datos oficiales. Hoy, se desconoce cuántos han huido. En la cabecera municipal no hay calle en la que no se observen casas abandonadas, también lujosas residencias están deshabitadas.

“Lo malo es que los que se fueron son los más ricos, los que daban trabajo. Yo sí lo he pensado, no es que quiera quedarme, pero no quiero abandonar mi casa. ¿A dónde me voy? ¿De qué voy a trabajar?”, dice Javier, quien atiende un pequeño negocio de antojitos.

Antes, comenta, sobraban los clientes, pues este municipio es paso obligado para llegar a El Chorrito, uno de los santuarios católicos más visitados del noreste de México. Hoy, el obispo de la diócesis local, Antonio González Sánchez, admite que la afluencia de visitantes se desplomó drásticamente este año a causa de la inseguridad en territorio tamaulipeco.

Igual que en la cabecera municipal, muchos de los habitantes de El Chorrito, que vivían del turismo religioso, optaron por emigrar a Victoria o a Nuevo León en busca de trabajo.

“Hay niños que ya no quieren ir a la escuela, como que están traumados. Ellos han visto a estos hombres armados por las calles o les han tocado las balaceras”, relata una mujer.

Los propietarios de huertas de naranja, otra de las principales actividades económicas de la región, tienen que pagar cuotas para que los grupos delictivos les permitan movilizar y comercializar sus cosechas. Hay quienes, a falta de trabajo, se enrolaron en esas bandas, ya sea como halcones o sicarios.

“Los que nos quedamos aquí tratamos de hacer una vida normal, pero ya todo ha cambiado; desde hace unos años ya se presentaban hechos de violencia, pero no al grado de lo que ahora vivimos”, reconoce otro de los entrevistados.

Otros comentan a Proceso que aquí no se celebró el Grito del Bicentenario de la Independencia, ni el desfile del Centenario de la Revolución, ni hubo feria; tampoco hay bailes populares, ni de quinceañeras, bodas o piñatas. ¿Quién se va a atrever a hacerlas, dicen.

Los apoyos del programa Oportunidades se tienen que entregar en un ejido vecino, porque “no hay condiciones” para hacerlo en la cabecera municipal, revelan funcionarios. En el hospital, por ejemplo, no hay servicio de urgencia y los médicos dejan de trabajar a las cuatro de la tarde.

Todos saben dónde se ponen los halcones, dónde duermen los sicarios del cártel del Golfo, por dónde se mueven Los Zetas, que, aseguran, son mayoritariamente centroamericanos a los que los habitantes reconocen por sus tatuajes.

Seguido llegan a comer a las fondas y restaurantes. “Aquí son buenos clientes. Siempre me han pagado, pero cuando llegan nos entra el miedo”, dice el propietario de un negocio.

Las historias se multiplican. “Aquí vivía un muchacho que levantaron. Duró desaparecido un mes, pero hace unos días que lo regresaron”; “en esa casa vivía uno de los caciques que se relacionaba con Los Zetas, pero dicen que huyó para Europa”; “Acá vivían unos que mataron y allá otros que están desaparecidos”.

La mayoría de los negocios, ranchos y casas que han quemado en la cabecera municipal pertenecen a la familia Leal, la misma del alcalde asesinado.

A los integrantes de esa familia los acusan de aliarse con un grupo delictivo. Asimismo, al ex alcalde Cesáreo Rocha Villanueva resultó herido, por lo que prefirió irse del pueblo. A su vez, el líder del Comité de Lucha Social, Israel Cuéllar, fue secuestrado y un comandante de la Policía Rural fue asesinado.

Hoy, en las calles de Hidalgo sólo andaban algunos elementos de la Policía Especial de Tamaulipas, pero la gente no confía en ellos. “Son los primeros en correr cuando ocurre algo”, dice uno de los pobladores. Los que en realidad patrullan aquí son los narcos.

“Yo los vi hace días. Eran cuatro camionetas con unos monos encapuchados que traían las metralletas a la vista, por aquí pasaron como a las dos de la tarde, seguido andan a todas horas, depende de cómo anden las cosas”, relata una mujer.

El mensaje

En Hidalgo, más que en otros municipios de Tamaulipas, el cártel del Golfo (CDG) ha adoptado la práctica de repartir volantes y emitir comunicados por internet para ganarse popularidad, para justificar sus acciones y hasta para lanzar convocatorias de reclutamiento.

Curiosamente firman sus escritos bajo el nombre de Columna General Pedro José Méndez, evidentemente en honor al héroe tamaulipeco, oriundo de este municipio, que luchó contra la invasión francesa en 1862 y que en 1864 combatió al ejército imperialista justamente con la formación de columnas y guerrillas.

Para decretar el “toque de queda”, este grupo hizo público un comunicado en Youtube, a través del usuario elverdugo811, que ya ha utilizado en otras ocasiones ese cártel:

“Al pueblo de Hidalgo, Tamaulipas, al Ejército Nacional y a la Armada de México, considerando que el Estado ha fallado, en mantener el orden y el estado de derecho, y que la población se encuentra ha (sic) merced de los secuestradores y asesinos llamados zetas, a partir de fecha 20 de octubre del 2010, declaramos en nuestro municipio el toque de queda”.

Y añade: “Queda prohibido circular vehículos a partir de las ocho de la noche a las cinco de la mañana del día siguiente, dispararemos a todo aquel vehículo que circule, lo anterior para impedir que los criminales zetas, incursionen en nuestro municipio, sólo respetaremos a quienes heroicamente están defendiendo los intereses de nuestro pueblo, como lo es: el Ejército y la Armada de México. Atentamente, Columna General Pedro José Méndez. cártel del Golfo. ‘Nadie está a salvo si no tomamos las armas’”.

De acuerdo con los lugareños, esta medida se tomó después de que los zetas colocaron mantas en la presidencia municipal y en calles principales de Hidalgo, donde amenazaban a la población y al CDG.

Por las noches, los pistoleros del cártel colocan vehículos en el puente que divide a la cabecera municipal con El Tomaseño y ya no se permite el paso.

“Durante el día tratamos de seguir con las actividades de siempre, pero ya nomás empieza a oscurecer y todos se encierran en sus casas, porque seguido hay balaceras”, relata una de las entrevistadas.

–¿Y si alguien se enferma por la noche? –se le pregunta.

–Pues nos tenemos que aguantar hasta que sea de mañana, porque en esas horas nadie entra y nadie sale: vivimos secuestrados.

Aunque también hay otros pobladores que justifican estas acciones. “Es que los del cártel nos defienden de Los Zetas que son los que roban, secuestran y atacan, porque esos no traen dinero”, afirma uno de ellos.

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